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lunes, 21 de noviembre de 2011

Berajot 31- Predisposición para rezar

¿Cómo debemos disponernos a rezar? ¿Cuál es la actitud en la que debemos predisponernos para orar? La Mishná es tajante: uno no debe predisponerse a rezar sino es con Koved Rosh, con seriedad y humildad hacia el Creador. Se dice que en la antigüedad los más piadosos, los jasidim, comenzaban a prepararse para rezar una hora antes con cantos, meditaciones y melodías para lograr tener la concentración y la kavaná necesaria para encontrarse en un dialogo con D-s. Hoy en día, de cierta manera nosotros emulamos esa practica, cuando antes de hacer la Amida, la tefilá propiamente dicha, nos preparamos con melodías y salmos para adentrarnos y elevarnos en plegaria con lo que se conoce como Psukei DeZimra. 

No podemos comenzar a rezar sino es con una Halajá Pesuká. Esto sólo lo podrán entender quienes hayan vivido alguna vez la lucha por el conocimiento que se da en un Beit Midrash. En las casas de estudio generalmente se estudia en pareja (jevruta), discutiendo algún texto, o en pequeños grupos y entre las diferentes personas se pelean en una batalla apasionada con gritos y gesticulaciones vehementes para llegar a la "verdad". Este método de discusión se denomina pilpul, cuando uno dice algo y el otro se lo retruca y luego vuelve y trata de sostener su opinión y así sucesivamente. Enseñan nuestros sabios que quienes estén metidos en estas discusiones no deben disponerse a rezar ya que van a tener su mente en otro lado, en aquella discusión por el sentido de un texto, y no enfocados en el rezo y en la plegaria. Uno puede predisponerse a rezar cuando una discusión haya llegado al final, cuando se haya "revelado" una verdad o cuando ambas partes se hayan puesto de acuerdo sobre la interpretación de un texto. 

No debemos predisponernos a rezar desde la tristeza, desde la vagancia, desde la burla, desde la conversación banal o desde la altanería. La única forma correcta de pararnos ante el Creador y orar es a través de la alegría de la Mitzva (Simja shel Mitzva). Las mitzvot, los preceptos, están para hacer cumplidos, no como una carga sino como un desafío, como una posibilidad de elevar nuestras vidas mundanas a un grado de mayor santidad. La alegría cumple un papel principal en la teología judía, es a través de ella que logramos acércanos más a D-s y a nuestro prójimo. Sonreír, cantar, bailar son maneras mucho más elevadas de orar que el llanto y los ayunos. P.D: un hombre no debe predisponerse a rezar estando borracho (nota para muchos grupos jasidicos de nuestros días).

¿Amargarnos en la felicidad? Rabi Iojanán enseñaba (y evidentemente sigue enseñando) que un hombre le está prohibido alegrarse de manera total en este mundo. La alegría no debe ser completa. Es por este motivo que en el día más alegre de la vida de muchos, el casamiento, se rompe una copa. Es también por este motivo que cuando estrenamos una casa rompemos un pequeño cuadrado para que nuestra alegría no sea infinita. Los sabios discuten de cuál es el motivo para estas tradiciones. Algunos dicen que es en recuerdo del exilio y la destrucción del Templo de Jerusalém y otros dicen que es porque la alegría en exceso lleva a la transgresión. Hoy en día, podríamos agregar, que estas tradiciones cobran sentido para estar conscientes en todo momento que nuestra alegría, por un lado, no es eterna y que por otro siempre hay gente que está sufriendo y deberíamos extender nuestra mano, en momentos de prosperidad y alegría, hacia el otro, hacia el necesitado. 

domingo, 6 de noviembre de 2011

Berajot 17

Retomando como terminamos la última guemará (ver Berajot 16), la misma sigue comentándonos qué es lo que solían decir nuestros sabios en diferentes situaciones. Rab Sheshet, cada vez que completaba un ayuno, solía decir : "Señor del Universo, cuando el Beit Hamikdash (el Templo de Jerusalém) existía si un hombre pecaba iba y llevaba la sangre y la grasa de un animal. Hoy que el Templo no existe en este ayuno mi grasa y mi sangre se disminuyen. Acepta la disminución de éstas como si fuera una ofrenda traída ante Tu santuario." Esta era la capacidad de reinvención que tenían nuestros sabios.

El fin del hombre es la muerte. Dicen que el comienzo de la filosofía y del ser religioso es la especulación sobre la muerte, un hecho inevitable. Rabi Iojanán planteaba que el fin del hombre es la muerte, como también la de los animales es ser degollados. Sabiendo esto dice: grande es el hombre que vive una vida de Torá, que controla sus impulsos del mal y que se crea un buen nombre. "Tov Shem Mishmenen Tov", enseñaba el Rey Shlomó, es mejor un buen nombre que una buena fragancia. De este mundo no nos llevamos nada, lo único que podemos hacer es dejar. 

¿Cuál es el objetivo de la sabiduría? Según Raba el objetivo de la sabiduría es la capacidad de volver en Teshuvá, de arrepentirnos de nuestros errores, y de hacer actos de bien (maasim tovim). La sabiduría no está en los títulos universitarios o en los premios obtenidos sino en la capacidad de aprender de nuestros errores y de poder encontrarnos con el otro a través del amor, la misericordia, la amistad y el respeto. 

¿Cómo es el mundo venidero? Según Rab este mundo no es como el mundo venidero. Allí no se come, no se bebe, la gente no se reproduce, no hay negocios, no hay odio, no hay envidia. Allí los justos se sientan con coronas en sus cabezas y disfrutan del resplandor de la presencia Divina. Es interesante como Maimonides (Siglo XI, Egipto) enseña que estas nociones del mundo venidero deben ser entendidas como alegorías y que debemos tomarlas y aprender de ellas como tales. Cuán extraño es personas, hoy en día personas, 10 siglos después, sigan pensando que lo que aquí se describe es una realidad material en vez de una enseñanza espiritual. 

El lugar de la mujer. ¿Cómo obtiene la mujer el mundo venidero? Para la mentalidad talmúdica la mujer tiene un rol servicial con respecto al hombre. Rab solía decir que las tres funciones principales de la mujer son: Mandar a sus hijos al Templo, mandar a sus maridos a la casa de estudios y esperar a su marido hasta que vuelva. Hoy en día no podemos seguir sosteniendo este modelo de mujer servicial y funcional para que el marido pueda estudiar Torá.

Hadrán Halaj Haia Kore, Volveremos a ti "el que lee". Así terminamos este segundo capítulo del tratado de Berajot

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Berajot 14

Primero lo primero. Enseña Rab que quien saluda a un amigo (noten shalom) antes de hacer Tefila es como si estuviera construyendo un altar. Un altar para idolatría. ¿Por qué? En primer término porque uno de los nombres de HBU (Hakadosh Baruj Hu) es Shalom, paz, y es la misma expresión que usamos para saludar a alguien. En segundo lugar, como después explica la Guemará, porque al comenzar el día debemos presentarnos ante D-s, ante nuestro rey, antes de hacerlo ante los demás. Al parecer si saludamos a alguien antes de hacer tefilá estamos haciendo idolatría porque "lo preferimos" o lo ponemos en una situación privilegiada sobre D-s. 

¿Cómo debe empezar nuestro día? Se enseña que Rab todos los días se lavaba las manos, decía el Shema Israel, después tefilin y en último lugar hacia la Tefila (la amida). El que está acostumbrado a hacer tefilá todas las mañanas le resulta raro este orden de las cosas porque no es como estamos habituados. Entonces la pregunta es ¿Por qué Rab seguía este orden? Porque primero recibía el yugo de los cielos y después el yugo de las mitzvot. En el Shema Israel aceptaba el Ol Maljut Shamaim, el yugo celestial, o sea, aceptaba que Ds reinaba sobre nuestro universo y en consecuencia se ponía Tefilin como una muestra del yugo de las mitzvot. O sea que una vez que aceptó a D-s como su creador acepta, en consecuencia, que es a través de las mitzvot que Él se comunica con su creación. Nosotros seguimos la tradición de Rabi Iojanan que decía que primero debemos lavarnos las manos, luego colocarnos tefilin, luego recitar el Shema Israel y finalmente hacer la Amida. Hacer lo anterior, según él, es recibir el yugo de los cielos completos (Maljut Shamaim Shlema). Y como la tefila reemplazó a los sacrificios enseña Rabi Iojanan que quien todos los días cumple con esta mitzvá es como quien construye un altar y entrega un sacrificio (pero éste sí a diferencia del que vimos antes, es gustoso para Ds). 

Manos limpias. Antes de decir el nombre de D-s debemos lavarnos las manos. Debemos tener las manos limpias, por eso nos lavamos (Netilat Iadaim) antes de hacer Tefilá. Si no tenemos agua para lavarnos las manos podemos "limpiarlas" con tierra, con una roca o con cualquier cosa que nos saque la suciedad. 

Ser consecuente. Enseñó Rab Húla que quien lee el Shema Israel sin tefilin es como si estuviera dando un testimonio falso sobre si mismo ¿Por qué? Porque en el Shema decimos que debemos ponernos los Tefilin y si al decirlo no lo hacemos estamos siendo inconsecuentes con nuestras palabras. Palabra y acción deben ir siempre de la mano, no podemos disociar una de la otra. Si hablamos de Torá la misma debe ser puesta en practica. Torá en palabras se olvida, Torá en practica se asienta en nuestras vidas.