miércoles, 13 de junio de 2018

Jaguigá 15 - Rabí Meir y Ajer

En el contexto de diferentes historias sobre sabios que estudiaban el Maase Merkavá, los secretos místicos y esotéricos de la Torá, se nos narra la famosa historia de los cuatro sabios que ingresaron al Pardes (Pardes es una palabra de origen persa que significa un lugar protegido pero desde que la versión de la Septuaginta tradujera el término Gan Eden/Jardín del Eden como Pardes en diversas lenguas este término comenzó a hacer referencia al paraíso). En aquel mítico lugar donde residía Dios estos cuatro sabios tienen diversas experiencias místicas con resultados disimiles. De los cuatro sabios uno muere, otro pierde la cordura, uno sale en paz y el último se vuelve hereje. De este último quiero hablar hoy.

Elisha ben Abuya, un gran sabio del siglo I d.e.c, es aquel que luego de su encuentro místico y de una visión que tiene abandona los caminos de la Torá y se vuelve el hereje más conocido del Talmud. Al parecer en aquel Pardes vio al arcángel Metatron sentado cerca del trono de Dios y pensó que verdaderamente había dos autoridades en el Cielo y no una. Y es así como este gran maestro comenzó entonces a dudar de todo lo que alguna vez había aprendido sobre el monoteísmo y la existencia de un único poder supremo que juzga el mundo y se volcó hacia la idolatría. La gota que rebalsó el vaso es que aparte de esta visión escuchó cuando estaba saliendo de aquel mítico Pardes una voz que decía que todos aquellos que se arrepienten pueden volver a Dios... excepto él. Dios mismo al parecer ya no lo aceptaría devuelta aunque se arrepintiese.

Esta "voz" lo hace reflexionar y como sabe que no podrá obtener el mundo venidero decide entonces disfrutar de este mundo. ¿Qué hace? Va y se acuesta con una prostituta. Si no entrará al paraíso por lo menos disfrutará, piensa él, de todos los placeres que este mundo terrenal puede ofrecerle. La prostitua en un momento lo reconoce y le pregunta si acaso él no es el famoso sabio Elisha ben Abuya. Él para despistarla arranca unos tallos del suelo y como aquel día era Shabbat y esta es una tarea prohibida en el día sagrado la prostituta se dice para si misma: "Este es otro (Ayer Hu)", ya que un sabio nunca arrancaría algo del suelo intencionalmente durante Shabbat. Y es así como esta prostituta apoda para la eternidad a Elisha ben Abuya con el término "Ajer" (otro). Así será conocido este sabio, convertido en apostata, de ahora en más. Simplemente como Ajer, el otro.

Aunque Ajer había abandonado los caminos de la Torá para su estudiante predilecto el gran Rabí Meir él seguía siendo Elisha ben Abuya y él quería seguir aprendiendo Torá de su maestro. El Talmud nos relata varias preguntas que Rabí Meir le hace a su maestro-hereje y como él sigue abrevando de su Torá. En una de las historias más conmovedoras durante Shabbat Rabí Meir seguía a pie a su maestro Ajer mientras él andaba en caballo (algo prohibido durante Shabbat) estudiando y aprendiendo de su maestro. En un momento Ajer se detiene y le dice que Rabí Meir no debe seguir avanzando porque estaría transgrediendo el Tjum Shabbat (la distancia máxima que una persona puede andar en Shabbat en una zona no habitada). Ajer, aunque él se había vuelto hereje, desea proteger a su alumno Meir para que él no transgreda la ley judía.

El Talmud después se pregunta como puede ser que Meir seguía estudiando de Ajer si este era un hereje y en términos generales uno solo debe estudiar Torá de una persona integra y observante. Varios maestros dan diversas razones por las cuales Rabí Meir entendía que aunque su maestro se había volcado a la herejía aún había mucha Torá que aprender de él. La cita más famosa y conmovedora al respecto es cuando enseñan que Rabí Meir comparaba su estudio con Ajer como aquel que encuentra una granada, tira su cascara pero come su fruta. De la misma forma Rabí Meir tenía la capacidad de desechar la parte externa de Ajer (su herejía) pero aún así podía disfrutar y absorber su Torá, sus conocimientos interiores. ¡Que podamos siempre aprender de todos! ¡Que podamos siempre desechar la cascara y comer del fruto!