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domingo, 6 de noviembre de 2011

Berajot 17

Retomando como terminamos la última guemará (ver Berajot 16), la misma sigue comentándonos qué es lo que solían decir nuestros sabios en diferentes situaciones. Rab Sheshet, cada vez que completaba un ayuno, solía decir : "Señor del Universo, cuando el Beit Hamikdash (el Templo de Jerusalém) existía si un hombre pecaba iba y llevaba la sangre y la grasa de un animal. Hoy que el Templo no existe en este ayuno mi grasa y mi sangre se disminuyen. Acepta la disminución de éstas como si fuera una ofrenda traída ante Tu santuario." Esta era la capacidad de reinvención que tenían nuestros sabios.

El fin del hombre es la muerte. Dicen que el comienzo de la filosofía y del ser religioso es la especulación sobre la muerte, un hecho inevitable. Rabi Iojanán planteaba que el fin del hombre es la muerte, como también la de los animales es ser degollados. Sabiendo esto dice: grande es el hombre que vive una vida de Torá, que controla sus impulsos del mal y que se crea un buen nombre. "Tov Shem Mishmenen Tov", enseñaba el Rey Shlomó, es mejor un buen nombre que una buena fragancia. De este mundo no nos llevamos nada, lo único que podemos hacer es dejar. 

¿Cuál es el objetivo de la sabiduría? Según Raba el objetivo de la sabiduría es la capacidad de volver en Teshuvá, de arrepentirnos de nuestros errores, y de hacer actos de bien (maasim tovim). La sabiduría no está en los títulos universitarios o en los premios obtenidos sino en la capacidad de aprender de nuestros errores y de poder encontrarnos con el otro a través del amor, la misericordia, la amistad y el respeto. 

¿Cómo es el mundo venidero? Según Rab este mundo no es como el mundo venidero. Allí no se come, no se bebe, la gente no se reproduce, no hay negocios, no hay odio, no hay envidia. Allí los justos se sientan con coronas en sus cabezas y disfrutan del resplandor de la presencia Divina. Es interesante como Maimonides (Siglo XI, Egipto) enseña que estas nociones del mundo venidero deben ser entendidas como alegorías y que debemos tomarlas y aprender de ellas como tales. Cuán extraño es personas, hoy en día personas, 10 siglos después, sigan pensando que lo que aquí se describe es una realidad material en vez de una enseñanza espiritual. 

El lugar de la mujer. ¿Cómo obtiene la mujer el mundo venidero? Para la mentalidad talmúdica la mujer tiene un rol servicial con respecto al hombre. Rab solía decir que las tres funciones principales de la mujer son: Mandar a sus hijos al Templo, mandar a sus maridos a la casa de estudios y esperar a su marido hasta que vuelva. Hoy en día no podemos seguir sosteniendo este modelo de mujer servicial y funcional para que el marido pueda estudiar Torá.

Hadrán Halaj Haia Kore, Volveremos a ti "el que lee". Así terminamos este segundo capítulo del tratado de Berajot

lunes, 24 de octubre de 2011

Berajot 5

Ietzer HaTov veIetzer Hará. Cuenta la Guemará que todos tenemos dentro nuestro el instinto del bien y el instinto del mal. El primero debe luchar siempre para sobreponerse sobre el segundo. Si lo logramos estamos bien, si no, debemos estudiar Torá. Si aún así no podemos dominarlo, continua la Guemará, debemos concentrarnos y recitar el Shema Israel. 

Todo proviene del Sinaí. El Talmud constantemente trata de informarnos que todo el desarrollo de la tradición oral proviene del Sinaí. Tratan de justificar su judaísmo diciendo que todo viene de la misma revelación de D-s a Moshé. En este caso los maestros dicen en relación al siguiente versículo: וַיֹּאמֶר יְקֹוָק אֶל מֹשֶׁה עֲלֵה אֵלַי הָהָרָה וֶהְיֵה שָׁם וְאֶתְּנָה לְךָ אֶת לֻחֹת הָאֶבֶן וְהַתּוֹרָה וְהַמִּצְוָה אֲשֶׁר כָּתַבְתִּי לְהוֹרֹתָם: (Shemot 24:12), que la palabra "lujot" corresponde a los 10 mandamientos, la palabra Torá se corresponde con los 5 libros de Moshé, la palabra Mitzva se corresponde con la Mishná, las palabras "que yo escribí" serían los profetas y los escritos, y finalmente la palabra "para enseñarles" vendría a ser el Talmud. Tengamos en cuenta que cuando en el Talmud se menciona al Talmud no quieren significar un libro cerrado sino la interpretación de los textos, o sea, la enseñanza de las escrituras. 

Las diferencias entre D-s y el hombre. El Talmud viene a enseñarnos cuán diferentes son las cualidades del hombre y de D-s. Cuando un hombre de carne y hueso le vende algo a alguien, el comprador está contento y el vendedor triste (podemos presuponer que él no lo quería vender pero tuvo que hacerlo por necesidad). Mientras que cuando D-s le regaló la Torá a Israel quedó contento y también su "comprador", el pueblo de Israel. 

Un tema álgido. Enseña Rabá: Si un hombre ve que tormentos caen sobre él que vaya y revise sus actos. Si revisa sus conductas y no encuentra nada objetable (para recibir tal sufrimiento) que lo atribuya a la falta de estudio de Torá. Si aún así él considera que estudia Torá suficiente, el hombre debe saber que eso son tormentos de amor por parte del Eterno (Isurin she ahaba). Siguiendo con esta teología del sufrimiento, tratando de comprender el origen del dolor y de los tormentos en el ser humano los sabios dicen que tres regalos le fueron entregados a Israel, pero todos esos, se consiguen a través de diversos tormentos: La Torá, Eretz Israel y el Mundo Venidero, son hermosos regalos pero para conseguirlos el pueblo de Israel y cada uno de sus miembros debe sufrir en ciertas ocasiones, sacrificar muchos placeres y hasta, en algunos casos, entregar la vida. El tema sigue trayendo debate y es Rabi Iojanán que en un momento dice que ciertas enfermedades y la muerte de los hijos no pueden ser nunca tormentos de amor. 

Aba Biniamin. Este personaje cuenta que durante su vida tuvo dos grandes preocupaciones (extrañas por cierto): 1) Que sus tefilot sean dichas siempre cerca de su cama 2) Que su cama esté orientada de norte a sur. De la primera aprende la Halajá que de lo posible uno debería hacer la plegaria de la mañana cerca de su cama y el por qué de la segunda preocupación de este Rab tiene que ver con que, según como algunos analizan un versículo, quien orienta su cama de esa manera va a tener el mérito de tener hijos varones.