martes, 20 de agosto de 2013

Meguilá 32 - El momento de la lectura

La bendición ¿Cómo debemos hacer la bendición cuando subimos a leer de la Torá? Dos opciones nos da el Talmud. Según Rabi Meir debemos abrir la Torá primero, debemos ver donde comenzará la lectura, luego debemos enrollar la Torá, recitar la bendición, abrir la Torá y disponernos a leer. En cambio Rabi Iehudá es más practico: abrimos la Torá, encontramos donde debemos leer y bendecimos. La Guemará luego discutirá porque Rabi Meir hace que cerremos la Torá antes de hacer la bendición. El motivo que encuentra es que si decimos la bendición mientras que la Torá está abierta alguien de la congregación puede llegar a pensar que las bendiciones están allí escritas (y eso haría invalida a la Torá). La halajá queda como Rabi Iehudá, podemos recitar la bendición con la Torá abierta. Sin embargo algunos acostumbran (aunque está no es la halajá sino un acto de pietismo) a cerrar el Sefer Torá, a cubrirlo o mirar a otro lado a la hora de recitar las bendiciones correspondientes. En los últimos 2000 años poco ha cambiado, está misma discusión surge de tanto en tanto en cada una de las comunidades que he visitado. 

HaMagbia. Quien al finalizar la lectura de la Torá levanta el rollo y lo muestra a la congregación se lo denomina "Hamagbia". Según los sabios del Talmud quien realiza este acto tiene tanto merito como quien subió a algunas de las aliot de la Torá. Se le daba este honor al más grande de la congregación. El Talmud sugiere que quien levante la Torá la abra hasta la costura para que si por el peso se rompe la Torá lo haga por donde está la costura y de ser así es mucho más sencillo arreglarlo que de romperse toda una columna escrita. Un consejo bien práctico. 

El canto en la lectura. Rabi Iojanan nos enseña: "Quien lee Torá sin melodía y quien enseña sin ritmo sobre ellos está escrito: "Por eso yo también les di estatutos que no eran buenos, y decretos por los cuales no podrían vivir" (Iejezkel 20:25)" Es decir: debemos abstenernos de leer la Torá sin sus taamim, sin sus tonadas milenarias y enseñar Torá sin imponerle un ritmo a nuestro estudio. Las melodías en la lectura hacen que la misma sea más amena y especial; hacen que no sea lo mismo leer el diario con algún sonido monótono que leer la Torá de una manera única. Por otro lado enseñar ciertos versículos o ideas de los sabios a través de un ritmo o una cadencia especifica nos ayudan a memorizar más aquellas enseñanzas. 

De está manera concluimos el estudio del tratado de Meguilá. Este es el octavo tratado que tenemos el privilegio de completar desde que comenzamos esté hermoso proyecto

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